Ruinas del Convento de San Francisco
En 1544, los frailes construyeron un pequeño hospicio de bajareque y paja, siendo hasta en 1612 cuando iniciaron una construcción formal.
Entre las asociaciones religiosas fundadas en la ciudad de Santiago de los Caballeros, la más destacada fue la Tercera Orden de Penitencia de San Francisco, cuya aprobación se hizo el 30 de noviembre de 1613.
A finales del siglo XVIII el Convento ya era de dos plantas. En la planta baja se encontraban la casa de estudios, el comedor, la cocina, los talleres de arte, la imprenta (1714), la farmacia, las caballerizas, la portería y demás dependencias para los actos comunes; y en la planta alta se encontraban la biblioteca, la enfermería, la casa provincial y las habitaciones de los religiosos.
Algunas partes de la edificación eran de arquería y terraza española. De la planta alta sólo quedan algunas paredes y la biblioteca.
Ruinas en Antigua GuatemalaRuinas del Convento de la Merced Su templo es otro de los íconos que identifican a la Ciudad Colonial. En su atrio han desfilado fotógrafos nacionales y extranjeros para capturar el detalle de su fachada, la cual posee un extraordinario estilo barroco trabajado en estuco.
Hay tantos minuciosos adornos alrededor y sobre su entrada, que una sola fotografía no basta para capturarlos en una imagen.
Juan de Chaves, a quien se refieren numerosos textos como Juan de Dios, dejó una huella imborrable en los acabados de la edificación y en su retablo, convirtiéndose en un constructor recordado por su obra. En el interior del convento puede apreciarse una de las fuentes más grandes de la ciudad, siempre con el estilo clásico de la época, ubicada al centro del patio y rodeada de amplios corredores resguardados bajo vistosos arcos.
Este templo nace por los esfuerzos de la Orden Mercedaria , la cual es de las más antiguas del continente americano. De hecho, llegó a América en los primeros viajes provenientes de España en pleno proceso de colonización.
Los mercedarios poseían un terreno asignado desde 1541 y solicitaron apoyo para ampliarlo. Al final obtuvieron la ayuda necesaria y en 1583 erigieron el templo. Debido a los seísmos que castigaron a la edificación años después fue construido otro, el que conocemos en la actualidad, inaugurado en 1767.
Este templo se conserva impecable pese a que fue sacudido en el pasado por los diferentes terremotos que azotaron a la ciudad. Su convento no corrió con tanta suerte: fue afectado y quedó reducido a ruinas pese al grosor de sus muros. Posteriormente el lugar fue utilizado como cantera.
Alrededor de la iglesia se encuentran dos fuentes, una al frente junto a la cruz y la otra en su plaza, la cual deleita con el espectáculo de las aves que acuden a beber de sus aguas.
Todo el complejo, iglesia y convento, se encuentran ubicados en la 1ª Calle Poniente y 6ª Avenida Norte, a media cuadra del Arco de Santa Catalina. Sobre este rumbo se ubica un pequeño callejón con una imagen mural de Nuestra Señora de La Merced.
Ruinas del Convento de San Francisco En 1544, los frailes construyeron un pequeño hospicio de bajareque y paja, siendo hasta en 1612 cuando iniciaron una construcción formal.
Entre las asociaciones religiosas fundadas en la ciudad de Santiago de los Caballeros, la más destacada fue la Tercera Orden de Penitencia de San Francisco, cuya aprobación se hizo el 30 de noviembre de 1613.
A finales del siglo XVIII el Convento ya era de dos plantas. En la planta baja se encontraban la casa de estudios, el comedor, la cocina, los talleres de arte, la imprenta (1714), la farmacia, las caballerizas, la portería y demás dependencias para los actos comunes; y en la planta alta se encontraban la biblioteca, la enfermería, la casa provincial y las habitaciones de los religiosos.
Algunas partes de la edificación eran de arquería y terraza española. De la planta alta sólo quedan algunas paredes y la biblioteca.
Ruinas del Convento de san Francisco
Lo poco que queda del claustro principal muestra más refinamiento y delicadeza en su arquitectura que en la de las arcadas de los otros claustros de la ciudad. Las arcadas de este Convento estaban decoradas con motivos florales y figuras en estuco.
En el centro del mismo claustro, se encontraba una suntuosa fuente que alegraba la vista de los religiosos y de los visitantes, y que en la actualidad se encuentra en el atrio de la Iglesia de la Merced, hacia donde fue trasladada.
Ruinas del claustro principal del Convento de San Francisco
Los restos de las edificaciones, la belleza de la arquitectura y de los estucos, dejan entrever la valentía, el ingenio y el espíritu creativo de los religiosos. Su espíritu de pobreza no les impidió construir su residencia con arte, belleza y elegancia.
El Templo y Convento de San Francisco sufrieron daños considerables por el terremoto ocurrido en 1773.
En la actualidad, el Templo de San Francisco, Santuario del Santo Hermano Pedro, se encuentra parcialmente reconstruido y es el lugar que más visitan los fieles devotos. El Convento se encuentra en ruinas.
El ingreso a las ruinas de este Convento puede hacerse por la puerta situada en las ruinas de la torre sur del mismo Templo.
Ruinas de Catedral La construcción de la primera Catedral se inició en 1545. Esa edificación fue demolida en 1668. En 1669, se dio inicio a la construcción de la nueva Catedral, la que fue inaugurada en 1680.
Catedral fue uno de los templos de mayor importancia en Hispanoamérica en el tiempo colonial.
El templo fue construido con cinco secciones (naves), entre las que se incluyen la central y dos procesionales; complementándose con 18 capillas laterales, todas cubiertas con domos.
En los capiteles de los pilares y en las cornisas del edificio se pueden apreciar finas decoraciones con estuco; sobresaliendo los escudos ubicados en los domos y en las ventanas.
Al norte de Catedral está el Palacio Arzobispal, construido entre 1706 y 1711, el cual sólo conserva la puerta de ingreso y los marcos de piedra de las puertas de la fachada oeste, con sus escudos de armas.
Originalmente, la edificación tenía dos niveles y una galera que daba sobre la plaza.
Catedral sufrió daños considerables por el terremoto ocurrido en 1773. En la actualidad, se le conoce como Parroquia de San José Catedral, encontrándose parcialmente reconstruida y es muy visitada por los feligreses.
El acceso a las ruinas de Catedral puede hacerse por la puerta lateral situada en el amplio atrio del lado sur.
En una lápida, ubicada en las ruinas del antiguo Altar Mayor, se indica que en este sitio (en la bóveda) se dio sepultura a ilustres personajes de la conquista y fundación de Guatemala, entre ellos: El primer Obispo Francisco Marroquín; el conquistador Don Pedro de Alvarado y su esposa Doña Beatriz de la Cueva; y el soldado e historiador Bernal Díaz del Castillo.
En Semana Santa, las ruinas de Catedral fueron iluminadas y adornadas con flores y velas para que los fieles devotos sintieran la espiritualidad de la época en el lugar. El jueves Santo, los feligreses pudieron contemplar el Sagrario que se preparó en el antiguo ingreso hacia el Altar Mayor, y en este último, una Cruz con un lienzo blanco, que se colocó en memoria de lo que en un tiempo remoto se encontraba en el lugar.
Ruinas del Templo y Convento de Santa Clara Se encuentra ubicado sobre la 2ª Avenida Norte, frente al Tanque de la Unión. Posee un patio bien conservado con elegantes corredores a su alrededor. El complejo es amplio y fue fundado en 1699 por las Monjas Clarisas que procedían de Puebla, México.
Los fondos para su construcción fueron donados por el Maestro de Campo, José Hurtado de Arria y Doña María Ventura Arrivillaga.
Comenzó como algo pequeño, una iglesia y algunas casas vecinas, que pasarían a ser parte de lo que es ahora.
Al principio comenzó con cinco religiosas y una novicia y luego aumentó su número. Ocuparon el convento desde el 14 de enero de 1700, fecha de su fundación oficial. En 1703 se inició la construcción formal del complejo y fue terminada dos años después.
Según descripciones de varios cronistas, este edificio contaba con un techado de teja, que fue derribado para el terremoto de 1717. Fueron tantos los daños que las religiosas se vieron forzadas a abandonarlo de manera temporal mientras se reparaba el techo. Por eso se establecieron en Comalapa y regresaron más tarde.
Los trabajos de reconstrucción no fueron una labor corta, requirió de casi 26 años. Tal esfuerzo económico fue apoyado por una bondadosa donación proveniente del Presidente de la Audiencia , Antonio Echeverría Suvisa, pero no pudo contemplar finalizada la obra porque falleció en 1733.
De la construcción original no se conserva ningún vestigio debido a la magnitud de las modificaciones que se realizaron y, finalmente, el complejo fue inaugurado y consagrado el 11 de agosto de 1734.
Todos los esfuerzos por mantener en pie a la edificación fueron derribados junto con la estructura por los terremotos de 1773, quedando el convento en una total ruina. Lo poco que quedó en pie fue derribado por un fuerte seísmo en 1874, y permanece sólo lo que puede contemplarse hasta hoy gracias al mantenimiento y administración actual del complejo.
Su exterior está finamente decorado, así como varios detalles de su interior y constituye un excelente atractivo turístico para visitar.
De antiguos orígenes
La Orden de Las Clarisas fue fundada por Santa Clara de Asís con la ayuda de San Francisco, en 1212. Su reglamento interno corresponde, con algunos cambios, al mismo que San Francisco dejara para los frailes menores en 1223.
Ruinas de la Iglesia y Convento de las Capuchinas Se localiza en la esquina de la 2ª Avenida Norte y 2ª Calle Oriente y en su interior se resguarda el recuerdo de sus hermosas instalaciones antiguas. Está abierto al público y es otro de los lugares preferidos de los fotógrafos, quienes han capturado en imágenes el amplio patio central y sus buganvilias.
Su historia se remonta a 1725 cuando se dieron los permisos para su construcción, luego de cinco años de espera.
Se constituye como una de las imborrables obras que realizara el renombrado constructor de La Antigua Guatemala , Diego de Porres, hijo del notable José de Porres, también sobresaliente en la arquitectura.
Gran parte de su estructura se conserva en muy buen estado y ha sido sede de diferentes actividades culturales desde que el Consejo para la Conservación de La Antigua Guatemala instalara sus propias oficinas en este lugar.
Convento único en su tipo
En la antigüedad quienes ingresaban a un convento debían entregar una dote, es decir, uno o un conjunto de bienes. Capuchinas se diferenció de los conventos de la época precisamente por esto y muchas razones más, pues permitía el ingreso a su congregación sin hacer necesaria la entrega de bien alguno. Esto no significó un crecimiento desmesurado porque su población no excedía las 28 aspirantes a monja.
Su techo protegió muchos bienes valiosos, los cuales fueron trasladados por las monjas en 1773 debido a los terremotos y el oficial traslado de la ciudad al Valle de la Ermita. Muchos de estos bienes se conservan en la nueva sede, ubicada en el templo de San Miguel de Capuchinas en la nueva capital de Guatemala.
Las tradicionales celdas que conforman un convento tenían una particularidad, eran pequeñas, pero contaban con su propio retrete y área de estudio, por eso estudiosos del Centro para la Conservación de La Antigua Guatemala han llegado a considerarlo el primer edificio de apartamentos del continente. Su distribución circular, ahora en ruinas, lo separa arquitectónicamente del resto, constituyéndose como el único con esta forma de arreglo.
Su iglesia consta de una sola nave y no posee alas en sus costados, pero poseía dos áreas para coros, uno en la planta baja a un lado del altar y, el otro, en la parte superior al final de la nave.
Otra de sus características interesantes, es que consta con una sola columna circular situada en el sótano, la cual sostiene todo el edificio. Esta no es la única particularidad bajo su suelo, pues sus criptas, al contrario de otras congregaciones, no eran exclusivas para el entierro de miembros de la orden.
La apariencia de la fachada del templo también se diferencia de los demás, comparándose únicamente con la Escuela de Cristo, porque ambos son los únicos templos de la Ciudad Colonial que en lugar de tener un acabado en estuco, lo tienen trabajado en piedra.
De origen italiano
La Orden de las Monjas Capuchinas fue fundada en Italia bajo el concepto de santificación por medio del trabajo y pobreza, entre una vida de penitencia y recogimiento. Al llegar a Guatemala inició la difusión de dicho espíritu religioso, mostrando una alegría especial en su diario vivir.
A pesar de que patronalmente el título del monasterio correspondía a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, la iglesia anexa estuvo dedicada siempre al Arcángel San Miguel, a quien mostraron especial devoción.
Ruinas del convento e iglesia de la Recolección La historia de su origen se remonta a 1695, cuando un fraile recoleto solicita la licencia para fundar un convento de padres misioneros. Él era uno de dos frailes que habían llegado a Guatemala en 1685. En 1687, dos años después, llegaron cuatro misioneros más. Todos se albergaban en El Calvario esperando la aprobación que tanto deseaban.
Sin embargo, dado que durante la época colonial La Antigua Guatemala fue centro de gran auge religioso, existían ya más congregaciones religiosas de las que era posible sostener y la autorización fue denegada.
Las autoridades de la ciudad consideraban que si mantenían a la orden como estaba, con pocos integrantes, se verían obligados a repartirse por el país propagando el espíritu religioso. De esta manera, al no establecerse no requerirían de un templo, convento y evitarían así la tarea de satisfacer peticiones cada cierto tiempo.
Los misioneros, quienes vivían en la pobreza, se costeaban el sustento y las actividades nobles de su congregación por medio de las limosnas que recibían. Este singular y admirable comportamiento, junto con el aprecio del trabajo realizado, hizo que el Cabildo (la comunidad de eclesiásticos) decidiera sostenerlos económicamente. Es así como finalmente se emite la Cédula Real el 16 de julio de 1700 autorizando la fundación del Colegio de Cristo Crucificado de los Misioneros Apostólicos.
La construcción se inicia bajo la dirección del arquitecto José de Porres y su primera piedra fue colocada el 8 de septiembre de 1701. Siete años después ya se habían finalizado tanto los claustros, enfermería y celdas, como la biblioteca y aulas.
De noble labor y altos ideales
La orden se caracterizaba por su espíritu misionero, principalmente entre los indígenas, viviendo sus miembros en lugares modestos. Esto es curioso, pues aunque en realidad vivían de limosnas hacían especial énfasis en la grandeza de sus construcciones. Esto no se traduce en ornamentación o lujo, sino en el tamaño de sus edificaciones.
El templo fue concluido e inaugurado en 1717, pero poco después acaeció el terremoto que dejó en ruinas muchas estructuras de La Antigua Guatemala.
Los daños sufridos fueron considerables y sin demora se iniciaron los trabajos de restauración y reconstrucción; en 1751 otro terremoto dañó la construcción de nuevo. El espíritu de la orden no desfalleció y comenzaron a trabajar, con tal fidelidad a la intención original del convento, que lograron su cometido.
La construcción era magnífica, con una gran nave central. Su sacristía superaba el tamaño de cualquier otra en La Antigua Guatemala , era tan grande que otras iglesias enteras llegaban apenas al tamaño de su nave.
Los seísmos no fueron los únicos responsables del definitivo deterioro del convento, pues con los años se retiraron materiales de éste para construir muros alrededor de terrenos en la región. Sus espacios fueron utilizados para las ferias y la sacristía fue alguna vez una fábrica de jabón. Otras partes se usaron para guardar carretas.
Se dice que luego de la ruina, resultado de los terremotos, se hizo volar con cargas de pólvora algunas columnas y bóvedas para evitar el peligro de su futuro derrumbe, también se menciona que la razón era impedir los intentos de reconstrucción una vez se ordenó abandonar la ciudad.
Al visitar sus ruinas no se olvide de apreciar con atención el tamaño y solidez de los bloques que formaban la construcción original que en conjunto nos heredan escasos vestigios, sombras de su antigua grandeza.
Ruinas del Colegio de San Jerónimo En 1726, los frailes mercedarios solicitaron permiso para fundar un colegio.
En 1739, sin tener previa autorización de la realeza, los religiosos iniciaron la construcción del Colegio de San Jerónimo. La edificación se concluyó en 1757 e incluyó la Ermita de San Jerónimo.
En 1761, el colegio fue clausurado por el Rey Carlos III ya que la construcción no contaba con autorización real. En 1765, las edificaciones fueron utilizadas como Real Aduana y, posteriormente, como cuartel y establos de la milicia española.
En el claustro principal aún puede apreciarse la fuente que se construyó en el lugar.
Las edificaciones fueron destruidas por el terremoto ocurrido en 1773, por lo que actualmente se encuentran en ruinas.
El lugar se utiliza para la realización de actividades sociales o eventos culturales.
Ruinas del Hospital de Nuestra Señora de Belén
En 1663, el Hermano Pedro decidió iniciar la construcción de una enfermería más grande de la que ya había construido y para ello compró un solar contiguo al que ya tenía. Escribió al Rey Felipe IV para informarle sobre las dificultades que padecían los enfermos al salir de los hospitales, pidiéndole la licencia para fundar el hospital de convalecientes.
En 1664, el Hermano Pedro inició la obra y construcción del hospital, pero al no contar con los medios y recursos suficientes trabajaba con sus propias manos; por ese ejemplo, lo imitaron muchos más.
Construyó un oratorio al que llamó 'Sala de Armas', en el que únicamente Él hacía sus ejercicios de penitencias y oraciones.
La construcción del hospital se concluyó en 1665, llamándosele a la edificación Hospital de Nuestra Señora de Belén.
El Hermano Pedro era un hombre que gozaba de buena salud; sin embargo, el 14 de abril de 1667 principiaron a manifestarse los síntomas de una enfermedad.
El 20 de abril de 1667, ya enfermo de gravedad, en el Hospital de Nuestra Señora de Belén, el Hermano Pedro dictó y firmó su testamento, en el que pidió de caridad que se le entierre en la Iglesia del Señor de San Francisco El Grande, en el lugar de sepultura de los religiosos de la Tercera Orden. El Hermano Pedro murió el 25 de abril de 1667.
En las ruinas del Hospital de Nuestra Señora de Belén se encuentra el lugar donde el Santo Hermano Pedro murió.
El 2 de mayo de 1667, llegó a Guatemala, procedente de Madrid, la Cédula Real que otorgó la autorización para la fundación del hospital de Belén.
El Hospital e Iglesia de Nuestra Señora de Belén sufrieron daños considerables por el terremoto ocurrido en 1773. En la actualidad, este Hospital está en ruinas. La Iglesia y Convento se han reconstruido, y son las Hermanas Bethlemitas las que actualmente se encuentran a cargo de la administración.
Cerradas al Público:Ruinas del Convento de la Inmaculada Concepción de María En 1578, llegaron a Santiago de los Caballeros una Madre Superiora y tres monjas, provenientes de México, para fundar un convento. Obtenida la autorización, lo nombraron La Inmaculada Concepción de María.
Éste fue el primer convento para religiosas en la ciudad que tuvo un rápido crecimiento en cuanto al número de las novicias que querían integrarse a la espiritualidad. En esa Orden, las monjas usaban un velo negro y las novicias un velo blanco. Ese velo de rostro y cabeza era confeccionado en seda. El hábito (vestimenta) se confeccionaba en lanilla blanca y el manto, en lana corriente.
Las religiosas residentes en el lugar, se dedicaban a la instrucción religiosa y a la enseñanza de las primeras letras, lectura y otras actividades, únicamente a niñas de la población.
En una de las paredes de la edificación de este Convento en ruinas, en la Calle de la Concepción, pueden observarse los siguientes mosaicos:
En este Convento vivió Sor Juana de Maldonado y Paz, poetiza y con gran talento musical, quién con los propios recursos económicos de su familia construyó, dentro del mismo convento, una casa que tenía todas las comodidades de la época colonial.
El Convento de la Inmaculada Concepción de María sufrió daños considerables por el terremoto ocurrido en 1773, por lo que se encuentra en ruinas. Dichas ruinas están cerradas al público.
En la Actualidad, con el propósito de fortalecer las relaciones de amistad entre la República de China (Taiwán) y la República de Guatemala; y en el marco del acuerdo de Donación suscrito entre ambos países, en marzo de 2006, el Gobierno de la República de China (Taiwán) donó al Gobierno de la República de Guatemala un aporte económico para el proyecto de restauración, habilitación y conservación del Convento de Sor Juana de Maldonado y Paz.
El proyecto fue ejecutado por el Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala, con el apoyo técnico de la Universidad Nacional de Cheng Kung de la República de China (Taiwán), y llevará el nombre Museo de las Tradiciones de Semana Santa “Sor Juana de Maldonado”.
Según visita efectuada a las oficinas del Consejo Nacional Para la Protección de La Antigua Guatemala, el 3 de febrero de 2014, se nos manifestó que el Museo de las Tradiciones de Semana Santa permanece cerrado pues, no obstante los esfuerzos realizados, no ha sido posible implementarlo adecuadamente para su apertura al público.
Ruinas del Convento de Santa Catalina Mártir En 1609, el Ayuntamiento autorizó a cuatro monjas del Convento de La Inmaculada Concepción de María establecer el Convento de Santa Catalina Mártir. Fue el segundo convento para religiosas, fundado en 1613, en la ciudad de Santiago de los Caballeros. La Iglesia fue inaugurada en 1647.
Debido a los votos que tomaban al ser parte de esa Orden, a las monjas y novicias se les impedía salir a la calle y ser vistas desde el exterior.
En virtud de ello, en 1693, las monjas solicitaron permiso al Ayuntamiento para cerrar la calle y así trasladarse a la propiedad que habían adquirido al otro lado de su Convento. La autorización les fue negada, pero se les autorizó la construcción de un puente para no dificultar el acceso a la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes, localizada al final de esa misma calle.
En 1694, las religiosas finalizaron la construcción de un puente en forma de arco, con un corredor cerrado, que les permitía el acceso desde su Convento original hasta el otro lado de la calle, cumpliendo así con aquella regla de la clausura.
El Convento de Santa Catalina Mártir sufrió daños por el terremoto ocurrido en 1773.
En la actualidad, y después de su reconstrucción, a este Convento se le conoce con su arquitectura y sus construcciones totalmente originales, siendo destinado para fines particulares.
Las gruesas columnas con las que se construyó el puente arqueado quedaron en pie. En la actualidad, tiene una cúpula con un reloj público y se le conoce como el Arco de Santa Calina, situado en la Calle del Arco, una de las más concurridas en la ciudad colonial, ya que es un lugar de paseos peatonales, donde se realizan diferentes actividades culturales y festividades; y también, el lugar más reconocido y admirado de La Antigua Guatemala.
Ruinas de la Iglesia del Carmen Se encuentra sobre la 3ª Avenida Norte entre 2ª y 3ª calles. En este punto, la avenida es de un ancho mayor al que normalmente poseen las calles y avenidas de La Antigua Guatemala , facilitando a los visitantes una vista más completa de la fachada.
Esta parte siempre ha contado con una gran afluencia de turistas.
Fue fundada con advocación a Nuestra Señora del Carmen, siendo otorgados los permisos correspondientes en 1638. El templo original no contó con acabados tan minuciosos como el que fuera edificado luego del terremoto de 1717. Dicha construcción data de 1728 y también fue castigada por los seísmos de 1773. Sin embargo, hereda su hermoso frontispicio con acabados en estuco hasta nuestros días.
Su fachada, como la de muchas iglesias, constituye el hogar de aves que añaden vida a su imponente presencia durante el día.
Por las noches también hace gala de su arquitectura, pues las labores de reconstrucción y mejoras en la Ciudad Colonial implementaron un sistema de iluminación hacia sus columnas y frontispicio lo cual brinda un espectáculo digno de admirar.
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Su templo es otro de los íconos que identifican a la Ciudad Colonial. En su atrio han desfilado fotógrafos nacionales y extranjeros para capturar el detalle de su fachada, la cual posee un extraordinario estilo barroco trabajado en estuco.
La construcción de la primera Catedral se inició en 1545. Esa edificación fue demolida en 1668. En 1669, se dio inicio a la construcción de la nueva Catedral, la que fue inaugurada en 1680.
Se encuentra ubicado sobre la 2ª Avenida Norte, frente al Tanque de la Unión. Posee un patio bien conservado con elegantes corredores a su alrededor. El complejo es amplio y fue fundado en 1699 por las Monjas Clarisas que procedían de Puebla, México.
Se localiza en la esquina de la 2ª Avenida Norte y 2ª Calle Oriente y en su interior se resguarda el recuerdo de sus hermosas instalaciones antiguas. Está abierto al público y es otro de los lugares preferidos de los fotógrafos, quienes han capturado en imágenes el amplio patio central y sus buganvilias.
La historia de su origen se remonta a 1695, cuando un fraile recoleto solicita la licencia para fundar un convento de padres misioneros. Él era uno de dos frailes que habían llegado a Guatemala en 1685. En 1687, dos años después, llegaron cuatro misioneros más. Todos se albergaban en El Calvario esperando la aprobación que tanto deseaban.
En 1726, los frailes mercedarios solicitaron permiso para fundar un colegio.
En 1578, llegaron a Santiago de los Caballeros una Madre Superiora y tres monjas, provenientes de México, para fundar un convento. Obtenida la autorización, lo nombraron La Inmaculada Concepción de María.
En 1609, el Ayuntamiento autorizó a cuatro monjas del Convento de La Inmaculada Concepción de María establecer el Convento de Santa Catalina Mártir. Fue el segundo convento para religiosas, fundado en 1613, en la ciudad de Santiago de los Caballeros. La Iglesia fue inaugurada en 1647.
Se encuentra sobre la 3ª Avenida Norte entre 2ª y 3ª calles. En este punto, la avenida es de un ancho mayor al que normalmente poseen las calles y avenidas de La Antigua Guatemala , facilitando a los visitantes una vista más completa de la fachada.
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